Hubo una época en mi vida en la que solía viajar con cierta regularidad. Aprovechaba los viajes de capacitación de mi esposo para, ni corta ni perezosa, unírmele y aprovechar la salidita.
Cada vez que mi esposo salía a algún lugar –al que yo no pudiera acompañarle, le incluía una notita de aprecio y de ánimo. En cierta ocasión, se la escondí en un zapato. Al día siguiente, al calzarse el mismo, él notó que aquel zapato no se sentía igual que el otro, por lo que, en medio de la reunión en que se encontraba, se quitó el zapato y, discretamente, se fijó en el interior del mismo.
Al hallar el papelito, lo sacó y, al leer su contenido, no pudo ocultar una sonrisa y el sentirse especial el resto del día.
Esta práctica de dejarnos notas se volvió común en nuestra familia. En una ocasión en la que viajábamos mi esposo y yo, les escribimos sendas notitas a nuestros dos hijos diciéndoles que les amábamos y que esperábamos que se comportaran bien con su abuela, quien quedaba encargada de ellos durante nuestro viaje.
La mañana que salimos de viaje, colocamos las notitas en sus mesitas de noche, junto a sus camas, mientras aun dormían. Al mayor de los dos (de 10 años), le escribimos "Hijo de mi alma", mientras que al menor (de tan sólo 7), "Hijo de mi vida".
Estábamos convencidos de que no habíamos discriminado en contra de ninguno y que ambos comprenderían que les amábamos por igual.
Cual fue nuestra sorpresa cuando, al volver del viaje, el más pequeño de los dos, se me acercó en privado, y muy serio, para reclamarme. Me preguntó por qué me había referido a él como "Hijo de mi vida".
El habría querido que me hubiese referido a él como "Hijo de mi alma". Un tanto asombrada por la inquietud del pequeñín, le pregunté por qué creía que había alguna diferencia entre ambas frases.
El contestó: "Mamá, acaso no ves que la vida se acaba y el alma no".
Anita Irigoyen
Este niño tenía mucha razón. La Vida es corta, el alma es eterna. Es por eso que la Biblia nos exhorta a no gastar más inversión en la vida natural que el alma. Ya que el alma es eterna, lo demás se acaba. Hoy es un buen día para invertir en el alma.
Oh alma mía, dijiste al Señor : Tú eres mi Señor; No hay para mí bien fuera de ti. Salmo 16:2.
Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en tiempo de hambre. Salmo 33:19.
Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Mateo 16:26.
Nota: Los temas o reflexiones distribuidas en este grupo, son de dominio público ó de autores desconocidos, a menos que sea especificado. Visión Juvenil Internacional no se acredita la autoría de estos.
Tengo 28 años y estoy absolutamente deprimida y desesperada. No vale la pena vivir. ¿Para qué nos vamos a engañar? Yo quiero suicidarme para terminar de una vez con este destino maldito que me persigue sin cesar. Sin embargo, he oído decir que suicidarse es condenarse para la eternidad. ¿Cree usted que si me suicido estoy condenada al infierno, o sería el fin de esta miseria aquí en la tierra?
Respuesta:
Estimada señorita, ojalá yo pueda frenarla antes de que cometa un acto de locura que pueda destruir su físico y su vida espiritual. Primero, le pregunto: ¿por qué quiere suicidarse? Usted dice que el destino maldito la persigue, pero en verdad no hay tal cosa como el destino. La vida es como es, y no hay tal cosa como un destino maldito. Satanás, el diablo, la está engañando.
Segundo, la Biblia dice: "No matarás". Quitarse la propia vida es matar. Sí, matarse a sí mismo, pero es matar. Dios lo prohíbe.
Tercero, suicidarse no resuelve nada. Lo único que usted conseguirá es transferir la agonía terrenal de un breve período de tiempo aquí en la tierra a una agonía en la eterna condenación. Estoy convencido de que una persona que se suicida no conoce ni la paz con Dios ni la vida eterna.
Cuarto, el que la empuja a quitarse la vida es Satanás, el enemigo suyo, el príncipe de una eternidad perdida, que la Biblia llama el infierno. Dios no quiere que usted se suicide. Jesucristo dijo en el Evangelio de San Juan capítulo 10: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia". En otro lugar de este mismo capítulo dice Jesucristo: "Yo les doy vida eterna y jamás perecerán. Nadie podrá arrebatármelas". El deseo del suicidio es una tentación en un momento de depresión o bien un empuje de su enemigo Satanás.
Señorita, no se quite la vida. Deténgase y considere. Levante sus ojos al cielo y dígale al Señor: "Oh Dios, creador mío, mi vida es triste. Gran parte de mi tristeza la he creado ...
... yo misma porque he sido egoísta. He sido egocéntrica, he pecado contra Ti. Llevo una carga en mi conciencia. Pero Dios Tú eres amor. Tú me creaste. Tú enviaste a tu Hijo al mundo por mí. Sálvame oh Dios, líbrame de la desesperación. Dame la vida eterna, Señor. No quiero suicidarme. Yo recibo a Cristo en mi corazón. Quiero vivir, quiero la vida eterna contigo en el cielo y también quiero vivir en la tierra con alegría celestial. En el nombre de Jesús. Amén".
…y siento que no puedo salir de ella. Muchas veces me he arrepentido, y le he pedido perdón a Dios. Me he levantado, pero después de unos días vuelvo a tropezar con lo mismo. ¿Qué puedo hacer? ¿Existe alguna forma de poder salir de esto?
Definitivamente, ¡sí hay una respuesta! Existe esperanza. Sí puedes encontrar una forma de salir de este enredo. Es un proceso que puede resultarte difícil y doloroso (en el sentido que es una lucha constante), pero con la fortaleza del Señor, ¡es posible lograrlo!
Tres Verdades que Dios Quiere que Vivas
1. No existe pecado tan feo, horrible, asqueroso, vergonzoso, repetitivo, esclavizante, profundo, escondido, que Dios no pueda (o quiera) limpiar y perdonar. Por más que pienses (o sientas) que no mereces el perdón de Dios, recuerda que, en efecto, no lo merecemos. Somos perdonados y limpiados únicamente porque Dios así lo ha decidido: "Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad" (I Juan 1:9). No importa lo que hagas, jamás lograrás que Dios deje de ser fiel y justo. Él quiere y puede limpiarte del pecado de la pornografía.
2. Nunca pienses que eres la única persona que tiene la tentación de la pornografía. Es más, no caigas en la trampa de sentir que eres anormal o demasiado malo porque eres tentado de esta manera. Esto es algo que le sucede a seres normales, humanos, sexuales: "Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir" (I Corintios 10:13). Ser tentados no es pecado; pero sí hay una gran diferencia entre escoger la salida (y huir del pecado) o quedarse disfrutando del fracaso. Dios quiere que hullas de la pornografía.
3. Dios quiere socorrerte en los momentos de debilidad, y espera que otros lo hagan también. No estamos solos en esta lucha contra el pecado. Dios es nuestro aliado, y de igual forma deben serlo nuestros hermanos en la fe: "Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde" (Gálatas 6:1). Debemos rodearnos de personas maduras (espirituales) que no van a condenarnos por nuestro pecado, sino que van a tendernos la mano y ayudarnos a salir adelante. Dios desea que seamos ministrados para salir delante de un pecado como la pornografía.
Tres Decisiones que Puedes Tomar Ahora
1. Preséntate delante de Dios para confesar tu pecado. Sé muy específico y honesto para contarle a Dios en qué has desobedecido. No tengas temor ni sientas vergüenza; recuerda que te estás presentando ante el trono de la gracia (y no de condenación): "Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos" (Hebreos 4:16).
2. Prepara una estrategia inteligente para huir del pecado. Haz una lista de los momentos o las situaciones en las que eres vulnerable a caer en la tentación de la pornografía. Sé honesto y específico (no trates de engañarte). Una vez que sabes cuando estás más cercano a caer, podrás hacer un compromiso para alejarte de esas situaciones: "Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer" (I Corintios 10:12).
3. Busca a un amigo, maduro en su fe, quien pueda ser tu confidente. Ten la confianza de contarle (aunque te cueste mucho la primera vez) acerca de tus luchas, de tus áreas débiles, de tus momentos vulnerables. Juntos podrán orar para no caer en tentación y recordarse del compromiso que han hecho con Dios para alejarse de la pornografía. Así podrán compartir también sus victorias sobre el pecado.
Hoy tienes la oportunidad de buscar la protección de Dios, al obedecer los consejos (mandatos) para huir del pecado de la pornografía. Las reglas de Dios nunca son para estorbar nuestra felicidad, sino para garantizarla: "Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia" (Juan 10:10). Toma un momento para orar (hablar con Dios) y cuéntale tu lucha, haz un compromiso para mantenerte limpio, y agradécele por la dicha que te da de vivir una vida de victoria.
Finalmente, te recomiendo la lectura de "La batalla de cada hombre joven" por Stephen Arterburn y Fred Stoeker (publicado por Editorial Unilit).
Cuatro cosas que mantendrán a los jóvenes fuera de las drogas
A los 12 años, los adolescentes consumen drogas por dos razones básicas.
1.Estar a la moda 49% 2.Porque sus amigos lo hacen 24%
Pero a los 17, el consumo de drogas entre los jóvenes ya no es por estar a la moda. Al menos existen tres razones por las cuales ser un consumidor. 1.Porque sus amigos lo hacen 25% 2.Se sienten bien al hacerlo 23% 3.Alivia la tensión nerviosa 22%
Estos son poderosos motivadores y hasta el momento los programas de gobierno han hecho poco o nada para contrarrestarlo. Según un estudio del Centro de Investigación para la Prevención de la Universidad de Kentucky, el más popular programa antidroga en Estados Unidos (D.R.A.E.) es un completo fracaso. Entonces, ¿Qué hacer?
1. Aconsejar: los jóvenes en un programa Gran Hermano o Gran Hermana son 46% menos propensos a comenzar a usar drogas que los no tuvieron un consejero pero quisieron uno.
2. Responsabilidad: cuando los jóvenes enfrentan las posibilidades de un matrimonio y formar una familia, el uso de drogas y alcohol disminuye considerablemente. Según un estudio del Instituto de Investigación Social de la universidad de Michigan, muchos jóvenes que consumieron drogas en su adolescencia dejaron de hacerlo cuando se casaron. Mientras que otros jóvenes continuaron haciéndolo.
3. Conexión a una religión o comunidad familiar: los jóvenes que tienen una fuerte relación con Dios, otros creyentes o sus familias resisten considerablemente la presión social que a menudo conduce al consumo de drogas, según un panel de adolescentes del USA TODAY. (Evita que los jóvenes se involucren con drogas)
4. Enseñar habilidades: un nuevo programa en la escuela pública (de Estados Unidos) enseña a los jóvenes cómo desarrollar habilidades sociales y a resolver problemas. Estas habilidades, a su vez, les ayudan a resistir la presión que ejerce la droga sobre ellos.
Cuando niño, acostumbraba observar desde el balcón de mi casa a los niños que jugaban a la pelota en un gran solar de la vecindad; solía hacerlo con una mirada que he dado en llamar de "ojos largos". Me refiero a esa mirada que cuando se es niño, es muy peculiar en los pequeños.
Cuando vemos a otros comiendo algo o jugando con algo que a nosotros nos está vedado, hay una cierta manera de fijar la vista en aquello que absolutamente nada a nuestro alrededor nos hace quitarle los ojos de encima. No pareciera haber poder alguno en el mundo que nos hiciera quitar la mirada de nuestro objetivo. Nada distrae al niño.
En gran parte de las ocasiones, no es hasta que el niño recibe el helado de manos de su padre o madre --que pueden entender su mirada-- o que es subido al caballito del carrusel, que su contemplación llega a ser satisfecha.
Reflexionaba en estos días sobre dos cosas:
Primero, que aunque nunca pude bajar a jugar con los otros niños en aquel solar --por motivos netamente personales que tienen que ver con la manera en que fui criado-- Dios si pudo captar mis "ojos largos" de niño.
Aunque nunca desarrollé buenas habilidades para el juego, mi sueño llegó a ser el poder presenciar alguna vez un juego de grandes ligas, lo cual parecía en ese momento, algo totalmente inalcanzable para una familia de bajos recursos como la mía.
Años más tarde, me tocó ser objeto de un acto de gracia por parte del Señor quien me llevó a ocupar una de las butacas de aquel hermoso estadio de beisbol de los Cardenales de San Luis (equipo grandes ligas de los EEUU).
El cómo había llegado a ese lugar aquella noche era simplemente un milagro… no había pagado un centavo por estar allí. En ese momento, todas mis expectativas se realizaron al contemplar un juego de beisbolistas profesionales, por vez primera.
Estos eran los jugadores que los muchachos del solar habían estado imitando muchos años atrás. Habían pasado casi treinta años pero mi Padre Celestial, quien captó mis "ojos largos" de aquel entonces, supo contestar la petición no verbalizada del niño.
La segunda cosa sobre la que reflexioné fue que, de la misma manera en que, como niño tenía "ojos largos" para cosas que ahora reconozco eran pasajeras e irrelevantes desde un punto de vista maduro de la vida, así debiera contemplar cada día a mi Dios, como al que más anhela y necesita mi alma.
Cuánto deseo que mi mirada se mantenga fija y sin distracción alguna hasta que sea plenamente satisfecho mi deseo de Su presencia en mi vida.
Anita Irigoyen
Y El Señor dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Genésis 13:14
Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. Efesios 1:18
Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Hebreos 12:2
Nota: Los temas o reflexiones distribuidas en este grupo, son de dominio público ó de autores desconocidos, a menos que sea especificado. Visión Juvenil Internacional no se acredita la autoría de estos.
¿Está satisfecho con su vida? Las responsabilidades y tareas que consumen su tiempo, ¿son meras rutinas o un camino hacia la realización personal? Dígame la verdad, ¿se siente un triunfador o detrás de su sonrisa conviven la ansiedad y la frustración?
“Aprovecho el tiempo que encuentro”, me dijo aquel taxista en Madrid, España. Minutos antes me había llamado la atención ver que cuando el tránsito se detenía frente al semáforo, este buen hombre tomaba un libro, leía unas líneas y luego lo dejaba a su lado para seguir su camino. Pero a las pocas calles volvía a hacer lo mismo. Y así ocurrió, por lo menos, ocho veces más.
Intrigado por el asunto, le pregunté por qué leía de aquella forma tan incómoda. ¿Sabes lo que ocurre? me respondió sorprendido, como quien sabe que ha sido descubierto, “paso diez horas al día sentado en este taxi, lo que me hace sufrir altos niveles de estrés. ¡Imagínate! No tengo tiempo para nada, sino sólo para trabajar, trabajar... y trabajar”.
Pero de inmediato agregó: “Meses atrás, en medio de mi cansancio, una idea se cruzó por mi mente. Me dije a mí mismo: ‘¿por qué no hacer algo productivo mientras espero a algún pasajero, o cuando el tránsito no avanza, o en cada momento de espera frente a un semáforo?’ Desde entonces aprovecho cada instante para leer. Hace ocho meses que empecé con esta ‘aventura’, ¡y ya me he leído 24 libros completos!
¡Qué dosis de optimismo, disciplina y voluntad férrea para crear espacios y aprovecharlos!
Es que la mayoría de nosotros estamos tan preocupados por el tiempo que nos falta, que no logramos vislumbrar las posibilidades que están a nuestro alcance, delante de nuestros propios ojos.
Cierto sabio de la antigüedad expresó: “En mi intento de encontrar la razón de las cosas, yo, el Predicador, he hallado lo siguiente: ¡que todavía no he dado con lo que realmente busco! […] Solamente he encontrado lo siguiente: que Dios hizo perfecto al hombre, pero este se ha complicado la vida” (Eclesiastés 7.27-29).
Piense. Descomprímase. Reasigne prioridades. Y hágase el firme propósito de ver más allá de la “montaña” de asuntos que le impide encontrar espacios de realización en su diario trajinar. Tome nota de las palabras que escribió un famoso cantante latinoamericano: “a veces, esperando las oportunidades, no se ven...”
Cristian Franco
La Lectura es una de las mejor inversiones en la vida.
Cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas con Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos. 2 Timoteo 4:13.
Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. 1 Tim 4:13
Nota: Los temas o reflexiones distribuidas en este grupo, son de dominio público ó de autores desconocidos, a menos que sea especificado. Visión Juvenil Internacional no se acredita la autoría de estos.
Tres consejos a los líderes de jóvenes por Gloria Vázquez
Una vez alguien me habló para hacerme la siguiente pregunta: Gloria, ¿qué compartirías a los líderes de jóvenes. Me quedé pensando un rato. Hay tanto, pero querían una respuesta pequeña, así que pensé en tres cosas que durante nuestro ministerio a los jóvenes fueron vitales:
1. La importancia de seguir a Jesús como ejemplo de discipulado: la identificación con sus discípulos, la dedicación a sus discípulos, el amor por sus discípulos, su relación con el Padre abierta a sus discípulos. El no avergonzar a sus discípulos cuando hacían cosas o pensaban las cosas muy diferentes a lo que El esperaba.
Creo que no merece ninguna explicación este punto. Si siguiéramos a Jesús en vez de hacer tanto programa, tanto pancho para atraer a los jóvenes. Si viviéramos cerca de Jesús, los jovenes se nos acercarían también a nosotros pues verían algo muy diferente. Queremos que nos sigan con actividades y cosas que planeamos. Congresos, eventos, invitados especiales, conciertos. No digo que esté mal, por el contrario, sí creo que debemos usar todo lo que sea para atraer a la juventud. Pero nosotros como líderes primeramente tenemos que estar convencidos del que vamos a presentar y es a Jesús. Si nosotros mismos no vivimos cerca de El, no estamos escuchando de El, no estamos aprendiendo de El, no somos guiados por El (sino por el pastor que exige programas y resultados) perderemos la oportunidad de mostrar con el ejemplo lo que Jesús nos mandó a hacer: HAGAN DISCIPULOS DE MI. No de un hombre, no de un pastor, no de un ministerio, no de una iglesia, DE JESUS. Y creo que al ver su ejemplo entenderemos por qué muchos jóvenes no se acercan, quizás por qué algunos están simplemente heridos. Quizás los hemos expuesto sin saber que eso hicimos. Vaya, ni Jesús expuso a Judas a pesar de que él se robaba las ofrendas.. En Su tiempo todo fue sacado a la luz. Pero Jesús amaba a sus discípulos. Nosotros debemos de amar a los jóvenes como Jesús mismo nos ama a nosotros con todas nuestras imperfecciones.
2. La importancia de seguir a Pablo como ejemplo de evangelismo: sus estrategias a pesar de los peligros de aquél tiempo, su atrevimiento para compartir la palabra sin pelos en la lengua siendo obediente a la guía del Espíritu Santo, su astucia ganándole la batalla al diablo a pesar de los obstáculos aún al punto de casi perder la vida.
No hay forma de atraer a más jóvenes si a los que tenemos no les ENCANTA el grupo. Lo tienen que sentir SUYO. Lo tiene que disfrutar, tienen que participar y gozarse a tal grado que no puedan evitar invitar a otros y evangelizar. Estar tan convencidos que esto es la verdad y que nadie se la puede perder. Es tan importante que los jovenes vean que a veces es necesario salirse de su zona de comodidad e invitar a otros jóvenes que se pierden sin el conocimiento del Señor. Y como ejemplo está Pablo. Ese Pablo fue grueso. Digo... mira que pararse frente al PARTENON, lleno de dioses y de creencias. Lleno de ídolos y de una cultura diferente y ahí, enfrente se para Pablo e ingeniosamente dice: QUE INTERESANTE QUE TENGAN TANTO DIOS, PERO YO LES VOY A HABLAR DE ESTE, DEL NO CONOCIDO.. Había un espacio para el Dios no conocido, por si se habían olvidado de alguno. Y Pablo lo aprovecha para decirles: ah... pues se olvidaron del verdadero.. Wow.. Pablo estuvo grueso en serio.. y no descansaba hasta obtener conversos impactantes como la gente ateniense de influencia que fue convertida bajo su ministerio. Pablo no se andaba con rodeos. Iba con la gente de influencia pues así ganaría más. Nosotros como líderes debemos enseñar a nuestros jóvenes a atreverse y salir de su zona de comodidad y compartir con gente de influencia. Gente que verá el ejemplo de un joven que ama a Dios y tiene principios y que su ejemplo grita más que su testimonio hablado. Cuando aprendemos el verdadero evangelismo como Pablo lo vivió, disfrutaremos de la cosecha que está lista para la ciega… SIN DUDA ALGUNA.
3. Aprender de los personajes Bíblicos: Las metidas de pata de Pedro, Las depresiones de Elías Los desatinos de Moisés Los errores de David Las dudas de Abraham La desobediencia de Jonás Las tentaciones de Sansón
Y tantos personajes que a final de cuentas son personas como nosotros que se tomaron de Dios y finalmente hicieron las cosas como Dios quería teniendo así éxito en sus vidas habiendo cumplido con el propósito y el plan que Dios había trazado para ellos, conociendo sus áreas débiles y precisamente utilizando esas áreas débiles para hacer proezas por El.
Mucha gente falló, y Dios en muchos casos utilizó esas fallas para que el día de hoy pudiéramos leer de ellos y aprender. No te aceleres a condenar a un joven que cae. VAN A CAER... pero debe haber alguien por ahí que los cace. Si los dejas caer y azotar... no habrá quién lo levante.
Jamás olvidaré una conferencia que dio la hija de Billy Graham. Ella hablaba de su propia hija la cuál se embarazó (obviamente fuera del matrimonio).. pero cómo? ¿La nieta de Billy Graham? ¡Pues sí! Y precisamente mucha gente se alejó pensando que ella tendría más que los recursos para saber qué hacer y con quién contar.. sin embargo no fue así. La familia entró en crisis y más porque la muchacha decidió dar en adopción a su hijo. Wow. Qué golpe tan fuerte para toda la familia.
Pero no fue todo. Después se volvió a embarazar, de otro... Oh no... pero qué pasa?? Lo mismo que pasa con cualquier joven en tu grupo y que no hay nadie que se acerque a guiarlo, más bien muchos sí a condenarlo. Esta vez la muchacha sí se quedó con su hijo y la hija de Billy Graham nos platicaba que el único que sacó adelante a su hija fue un pastor de jóvenes de una pequeña iglesia que aceptó a su hija, a pesar del gran pecado que había cometido y a pesar del hijo que decidió tener. Ese pastor de jóvenes se encargó de restaurar a esa muchacha y hasta el día de hoy ella está entregada a Dios. Si, fue un pastor de jóvenes. Por lo general hubiéramos dicho: NO, A MI GRUPO DE JOVENES NO PUEDE ENTRAR, YA TIENE UN NIÑO. Eso hubiéramos dicho nosotros por órdenes de nuestros pastores pues ya el grupo de jóvenes no es para ninguna persona que haya tenido ninguna experiencia matrimonial. Sin embargo es un hecho que el mundo, desgraciadamente, está cambiando y no digo que se cambien las reglas de las iglesias ni que uno esté en rebeldía. Simplemente que hagamos provisión para esas personas que desgraciadamente caerán, pero yo sí creo que se pueden volver a levantar, y siendo bien ministradas y atendidas por gente interesada en su bienestar, en su alma y en su relación con Dios creo honestamente que se puede lograr hacer volver al Camino a esas personas que de pronto se alocan pero que a Dios no asustan con sus pecados y caídas. Aprendamos de los personajes bíblicos. Ellos fallaron y les costó muy caro sus errores, pero a final de cuentas creo en lo que dice la escritura, que el que hace volver a un descarriado a los caminos del Señor, ha cubierto una multitud de pecados.
¿Por qué hay líderes cristianos que caen en pecado? por Lucas Leys
Algunas de las historias más tristes que ha vivido la iglesia tiene que ver con líderes que caen en pecado y producen una gran vergüenza al pueblo de Dios. ¿Por que sucede esto? ¿Cómo es que llegan a eso?
Si has vivido de cerca el ver caer a un líder yo sé que duele. Recuerdo cuando un famoso predicador que era muy respetado cuando yo era niño cayó en adulterio y su caída fue usada por la televisión como burla para la iglesia. Al principio nadie podía creer que esto fuera verdad y hasta me acuerdo que mi mamá no podía creerlo aún después de que él mismo lo reconociera llorando por televisión. ¡Qué dolor! Pero era obvio que el problema no había comenzado el día que la noticia salió a la luz.
Nadie con su equipo mental funcionando se levanta un día y dice: hoy voy a hacer un desastre con mi vida, lastimar a mucha gente y hacer quedar mal a Cristo. Todo comienza poco a poco. Mucho antes que nadie se entere. Empieza con un flojo "sí" en un momento de soledad. Emerge de a poco adentro del corazón descuidado.
Dios me ha dado el curioso privilegio de trabajar en muchos sectores del cuerpo de Cristo. He pastoreado en distintos países, para diferentes denominaciones, trabajado para distintas organizaciones y hoy viajo por el mundo compartiendo con líderes de todo tipo. Al tener está posibilidad de ver al hombre en acción puedo notar los siguientes problemas como potenciales puertas a una caída estruendosa:
Líderes que se creen superados
Aún el más respetado ministro de la palabra tiene que reconocer que es un pecador. Somos pecadores y a menos que Jesús estuviera equivocado no hay bueno ni aún uno (Mateo 19:17) Sí. Ni siquiera ese de traje raro que siempre está conmovido y haciendo milagros en TV es justo por sus propios meritos. Todos tenemos una necesidad desesperada de Dios y no podemos confiarnos de nuestra propia justicia. “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga." (1 Corintios 10:12) El que cree estar exento de pecar ya abrió una puerta peligrosa. Además Mr. Satán tiene a los lideres de blanco preferido y la Biblia es clara en prevenirnos que el diablo está atento a nuestros pasos y por eso nosotros tenemos que estarlo aún más.
Líderes que están totalmente solos
Muchas veces el liderazgo genera soledad. Sea porque uno se va de misión a otro lugar o porque uno está en el tope de una congregación y generó una plataforma donde nadie te puede decir nada negativo, muchos se quedan solos en el liderazgo cristiano. Así muchos se han alejado de todo contacto con la civilización y viven en la burbuja de su ministerio unipersonal. El problema es que a la llegada de la tentación están solos también y no tienen de quién agarrase. Todo en ellos es tan misterioso, secreto y solitario que pronto solo cuentan con su propio criterio para discernir lo que está bien y mal y eso puede ser muy engañoso. No importa lo importante que sea un líder, todos necesitamos amigos que nos sostengan, puedan decirnos cuando consideran que estamos equivocados y nos llamen la atención si estamos en terreno peligroso.
Líderes que tienen demasiado miedo a reconocer sus debilidades y tentaciones
En muchos círculos cristianos existe el mito del súper líder. Esto fue creado por una generación que nunca hablaba de sus debilidades y pecados. Uno los escuchaba y jamás había nada negativo en sus vidas. Todo era ejemplar y no tenían ninguno de los problemas que tiene el resto de los humanos (todavía esto es cierto en algunos sectores y sobre todo en la televisión evangélica). Esto encima se vio agravado porque hemos sido el único ejercito que mata a sus heridos.¿Cómo? Muchos lideres han visto como otros han sido avergonzados por la iglesia en vez de ayudados y restaurados al estar en pecado. Entonces tienen miedo de confesar su debilidad. Recordemos que Jesús dijo que tire la primera piedra el que no tiene pecado. Un Jesús que estuvo atento a corregir pero siempre con amor.
El camino de salida a este problema es que se levante una generación de lideres con autenticidad y transparencia. Yo soy un pecador y todavía hay cosas de mi carácter que me cuesta controlar. He tomado decisiones en el ministerio que han estado equivocadas y muchas veces he actuado con motivaciones erradas. Al reconocer eso quedo menos expuesto a crear una barrera de hipocresía que impida que otros demanden cuentas de mi vida y ministerio.
Demasiada exposición sin lugar para el refresco
No es fácil ser responsable del crecimiento espiritual de otras personas. Algunos lideres pasan todo el tiempo dando sin separar un tiempo para recibir también. Esto los debilita y fastidia. Muchas de las historias de caídas de lideres dan cuenta que fueron en momentos de defensas bajas. Y si a la responsabilidad natural del liderazgo le agregamos fama, viajes y una agenda descomunal el refresco se necesita con más urgencia. Separar tiempo en familia, buenas vacaciones y también nutrirse del ministerio de otros previene un estado de debilitamiento.
Claro que hay mucho más por decir pero por ultimo me gustaría ayudarte a responder una pregunta que es muy importante
¿Qué puedo hacer si conozco a algún líder que está en pecado?
Ayudarle confrontando su pecado. Cuando le señalas su pecado a alguien con amor le haces un favor. Primero vístete de misericordia no sea cosa que la confrontación tenga que ver con tu motivación de hundir a esta persona, mostrar tu espiritualidad, cuidar tu reputación o cualquier otra razón que no sea la de ayudar a esta persona y edificar el cuerpo de Cristo. Haz exactamente lo que entiendas que Jesús hubiera hecho. Habla en privado y si no hay progreso habla con un testigo. Si te encuentras con que además del pecado hay hipocresía que pretende quedarse así, entonces si tienes que hablar con otros lideres y denunciar el pecado. ¿Y si yo he sido la persona herida por el pecado? Lo mismo pero además perdonar. No hay otra llave para liberar tu corazón y el de esta persona.
¿Cómo puedo controlarme ante las tentaciones del Internet? Por Junior Zapata
Hay muchas cosas en nuestras vidas que nos cuesta controlar. Por eso Dios nos dejó Su Palabra. La Biblia nos da principios básicos que si seguimos, nos ayudan a aprovechar maravillas de cosas como el Internet sin que éstas se conviertan en dañinas.
Acuérdate que básicamente el pecado es algo que es bueno hecho de una forma mala. Así el Internet es una herramienta que Dios ha permitido que tengamos para informarnos, educarnos, comunicarnos, entretenernos y facilitar Su Obra alrededor del mundo. Si usas Especialidades Juveniles, es obvio que estás al tanto de la tecnología y de la cultura contemporánea. Seguramente sabes más del Internet que tus padres. Eso no es malo, es fabuloso. Lo que sucede es que con ese conocimiento, Dios te hace responsable a ti de cómo utilices esta tecnología. Eso involucra tu mente, tu cuerpo, tu tiempo y tus pertenencias.
En la primera carta a los Corintios, Pablo dice que en realidad el podía hacer todo lo que quisiera pero no todo le convenía (1 Corintios 6:12). Es interesante que esto se lo dijo a los que vivían en la ciudad de Corinto porque esta ciudad era como el Internet. Uno podía entrar a la ciudad por muchos lados y de muchas formas y una vez que uno entraba a Corinto, habían muchos lugares para visitar. Algunos buenos, algunos buenísimos y algunos malos.
En algunos lugares de Corinto tu podías caminar tranquilo sin que nadie te molestara y sin que vendedores como salidos del desagüe te ofrecieran cosas que te puedan arruinar. Igualito al Internet. Tu puedes navegar por sitios que bien sabes no son riesgosos. Es seguro navegar por allí y nadie te va a sorprender con alguna oferta torpe. Pablo dijo que tienes la libertad de navegar por donde quieras pero no te conviene navegar por cualquier lado.
Corinto era una ciudad fabulosa. Había escuelas y una gran universidad. Pablo no le dijo a los corintios que no visitaran las escuelas y universidades. Pero les dijo que tuvieran cuidado de que el estudio no los dominara. El Internet es un lugar fabuloso para adquirir información. Debemos usarlo para hacer nuestras tareas y aprender. Pero es importante que no nos dejemos dominar por lo que está publicado allí. Sólo porque la información está en Internet no quiere decir que es verídica. Tienes que discernir.
No era difícil llegar a las escuelas de Corinto sin pasar enfrente de un establecimiento “cuestionable”. Cuando haces una búsqueda, seguramente algo inapropiado va a saltar. Tienes que ser sabio y pedirle fuerzas a Dios para vencer la tentación de curiosear y entrar a esos sitios que te harán daño.
Corinto era famosa porque tenía los mejores “Baños de Vapor”. Eran lugares dónde los hombres podían entrar y “pasar un rato saludable”. La realidad es que no eran saludables. Estos lugares eran prostíbulos disfrazados. La ventaja era la privacidad.
Una de las características del Internet es también la privacidad. Tu puedes estar sólo y visitar sitios inapropiados. Por eso te aconsejo que para evitar la tentación de ver material cuestionable, pídele a tus padres que no te pongan la computadora en el cuarto. La computadora debe estar en un lugar público. Donde haya tránsito y otros puedan ver cómo estás navegando. Eso evitará que caigas en la tentación de visitar sitios que sean dañinos. A menudo, a tu correo entrarán mensajes haciéndote invitaciones para visitar sus sitios. Otras veces te enviarán pornografía para atraer tu atención. Por eso la gran mayoría de proveedores de correo electrónico tienen filtros. Simplemente programa los filtros a tu mayor discreción. Al mismo tiempo, programa otros en tu mente y corazón. Pon un papelito en tu pantalla recordándote que has dispuesto no ensuciar tu mente con material que ofenda a Dios. Recuerda que si bajas pornografía a tu disco duro, es fácil borrarlo. Pero la tecla de “delete” de tu mente no funciona igual a la de tu computador. Lo que metas en tu mente se quedará allí.
En Corinto, había plazas donde la gente se reunía a hablar. Era alegrísimo. El bullicio, las conversaciones. . . ¡Los temas!. Bien sabía Pablo algo del Chat. Uno de tus pasatiempos preferidos en Internet probablemente es ese. Puedes entrar a un cuarto y participar o sólo observar de cualquier conversación y nadie se dará cuenta de lo que tu leíste o escribiste porque entras anónimo. Al ingresar a un Chat, mira a tu lado, Jesús está contigo. Él ve lo que dices y lo que lees. ¿Es honrosa la conversación? Tienes que cuidarte, la Biblia es clara en decir que por el ojo entra el pecado.
Recuerda que en el Chat tu puedes estar emocionada porque estás “hablando” con un apuesto chico de tu edad. Es deportista, tiene dinero, viaja por el mundo y además, te ha enviado una fotografía espectacular. De lo que te has olvidado es que por la misma naturaleza del Chat, es probable que ese “chico” sea un viejo panzón de 50 años, que no ha hecho deporte en 40 y nunca ha salido de su vecindario.
¡Vive en la realidad! Tu corazón es muy valioso para que lo expongas así. Si te encuentras luchando con conversaciones, o sitios de Internet que en tu corazón sabes que no están correctos, habla con Dios. Pídele su protección para tu mente y corazón.
Acuérdate de tu amigo el apóstol Pablo. Puedes hacer lo que quieras en Corinto. Tienes la libertad de visitar los lugares que se te antojen. Pero no todo te conviene. No te conviene porque a cambio de entrar a esos sitios, a cambio de tener esas conversaciones tienes que entregar tu mente y corazón. No vale la pena.
A pesar de creer en la salvación por gracia, aparte de nuestros méritos, muchos cristianos viven bajo la ley, inseguros de su relación con Dios y tratando día tras día de ganar su amor y aceptación. Este artículo liberador está dedicado a todos aquellos que viven sin experimentar el amor y la aceptación incondicional de Dios en su vida cotidiana.
I.INTRODUCCIÓN
Una de las paradojas que se está dando en el cristianismo contemporáneo es la pérdida del concepto de la gracia de Dios. Un creciente legalismo se está instaurando en nuestras iglesias y comunidades. Un legalismo que lleva a las personas a tratar de ganar cotidianamente el amor y la aceptación de Dios. Un legalismo que nos lleva a pensar, sea de manera consciente o inconsciente, que existen unos mínimos que uno ha de lograr para hacerse merecedor del amor y el favor de Dios. Un legalismo que lleva a muchos creyentes a vivir en culpabilidad y frustración al no poder alcanzar ese ideal que se supone que deben vivir y considerar que la actitud de Dios hacia ellos depende de la consecución del mismo.
Es el propósito de este artículo enfatizar la importancia de la gracia, no única y exclusivamente para nuestra salvación eterna sino también para nuestro vivir cotidiano. Pienso que la Palabra de Dios enseña con toda claridad que no sólo somos salvados por gracia. Es únicamente por gracia que podemos vivir día tras día y mantenernos en la presencia del Señor.
II.SALVOS POR GRACIA
Para poder entender y valorar la gracia es básico e imprescindible tener una idea muy clara y realista de cuál es la situación espiritual del ser humano, lo cual, naturalmente, incluye nuestra propia situación.
La Palabra de Dios es muy poco optimista al abordar la descripción de la situación moral y espiritual del género humano. A diferencia del optimismo que la Ilustración generó sobre la bondad intrínseca del hombre. Los prohombres de la ilustración consideraban que el ser humano nacía bueno por naturaleza. Era la sociedad, la cultura las que lo convertían en malo.
Hay dos pasajes claves en el Nuevo Testamento que nos dan una visión totalmente diferente a la descripta anteriormente. El primero de ellos lo encontramos en Romanos 3:9-18 y 23.
En este pasaje se nos dice que no hay ni siquiera una persona que busque el bien. No hay justo ni tan solo uno. Es decir no hay nadie con la suficiente talla moral para poderse presentar y ser declaro como justo, carente de falta, por Dios. Pablo sigue su descripción afirmando que no hay quien tenga entendimiento o busque a Dios. Cada cual, continúa, busca su propio camino, va a su propio aire. Todos nos hemos pervertido. El apóstol termina su descripción con la rotunda afirmación que todos, absolutamente todos, hemos pecado y como consecuencia estamos alejados de la presencia salvadora de Dios.
El siguiente pasaje lo encontramos en otra de las epístolas de Pablo, concretamente en Efesios 2:1-5.
La descripción que de la humanidad se hace en este pasaje no es más halagüeña. Se nos describe como muertos espiritualmente a causa de nuestros delitos y pecados. Se indica que estamos, ni más ni menos que bajo el control de Satanás. Vivimos siguiendo nuestros propios deseos y, con demasiada frecuencia, siguiendo los impulsos de nuestra naturaleza pecadora. El apóstol dice que somos, con toda razón y justicia, merecedores de la ira y del castigo de Dios. Además nos describe de una forma penosa y triste como gente sin esperanza y sin Dios.
Hay otros pasajes que inciden en la visión pesimista de la condición humana. No los voy a tratar. De hecho, la finalidad no es hablar acerca de la maldad sino de la gracia. Sin embargo, es necesario entender nuestra real condición ante el Señor para poder valorar adecuadamente su gracia y amor incondicional hacia nosotros.
El problema con demasiada frecuencia es que el ser humano no se ve a sí mismo como tan malo ni en tan mala condición. Esto es debido de forma fundamental a tres razones:
- En primer lugar, acostumbramos a funcionar por comparación. Es decir, nos comparamos con otros y el resultado no nos parece tan malo. Naturalmente este dependerá de con quién nos comparemos. Pero nuestra tendencia normal y natural es hacerlo con aquellos que harán que la comparación sea beneficiosa para nosotros.
En una ocasión conversaba con uno de los jóvenes de mi iglesia y le pregunté sobre sus resultados académicos en la secundaria. Me comentó que había suspendido cinco asignaturas o materias. Cuando le hice notar que aquellos resultados eran francamente malos me respondió que no era para tanto. Muchos de sus compañeros de clase habían suspendido siete u ocho materias, por tanto, cinco no estaba tan mal. Es cierto, comparado con el que ha suspendido ocho, no está tan mal. Sin embargo, este joven olvidó mencionar a todos los alumnos que habían aprobado todas las materias o tan sólo habían suspendido una o dos.
Mi punto es que nuestra tendencia humana para protegernos es buscar comparaciones favorables. Es lógico. Si yo me comparo con Adolfo Hitler probablemente merezco ser llevado a los altares a causa de mi bondad. Pero, si me comparo con Teresa de Calcuta, una persona que ha consagrado toda su vida al servicio a Dios y los pobres, tal vez la comparación no resultará excesivamente positiva o benigna para mí.
- Una segunda razón es que como dice muy bien el refrán las apariencias engañan. ¿Qué pretendo afirmar con esto? Muy sencillo, no es totalmente imposible conocer el interior del ser humano. La Biblia con su habitual sabiduría ya nos indica que el corazón del ser humano es totalmente engañoso.
Con demasiada frecuencia no conocemos sino tan sólo algunas de las facetas de la vida de las personas. Podemos tener amigos que en la relación que mantienen con nosotros sea maravillosos, sin embargo, si preguntáramos a su esposa y a sus hijos tendríamos una visión diferente. Un buen diácono de la iglesia puede ser un explotador en su negocio.
En otras ocasiones nos faltan las oportunidades adecuadas para poder pecar. Jesús afirmó que desear a una mujer en nuestro corazón es lo mismo que adulterar con ella. Ahora bien, es más respetable porque nadie lo ve. Hay personas que no roban no porque sean honestas, sino más bien por el miedo a las consecuencias que de ello se podría derivar. Hay quien no mata por miedo a la policía. Pensemos por un momento ¿Qué sucedería si pudiéramos llevar a cabo nuestros más sucios deseos con total impunidad? ¿Cuánta gente robaría, mataría, estafaría, adulteraría si se le pudiera garantizar un total anonimato y absoluta impunidad? Mucha bondad es tan sólo maldad reprimida por el miedo a las consecuencias.
Es por esto que en la Biblia se nos indica que el Señor juzga según verdad (Romanos 2:2). Es decir, Dios juzga el interior, el ser real, la intimidad, no únicamente las acciones o las apariencias como a menudo es nuestro caso. Por eso también la Biblia afirma que la Palabra del Señor es eficaz analizando las intenciones del corazón (Hebreos 4:12)
- Una tercera razón es que nosotros marcamos la normal de aceptabilidad moral. Este punto está íntimamente relacionado con el primero. Imaginemos por un momento que hay que viajar desde la costa atlántica de España hasta Brasil. Hay algunos atletas increíblemente preparados que son capaces de nadar hasta trescientos kilómetros. Algunos de los lectores tal vez pueden nadar uno o dos kilómetros. En la inmensa mayoría de los casos una piscina de 50 metros puede ser nuestro límite.
Pensemos por un momento. El mejor atleta sería 300 veces mejor que la mayoría de nosotros. Podría nadar 300 veces más distancia que nosotros. Al compararnos con él es normal sentirnos frustrados y desanimados. Ahora bien, pongamos las cosas en la perspectiva correcta. Considerando que la distancia total a nadar supera fácilmente los 5000 kilómetros, tanto el mejor como el peor se quedan muy lejos de la meta deseada ¿no creen?
Lo mismo sucede con Dios. El mejor de nosotros y el peor de nosotros, ambos están muy lejos del ideal de santidad de Dios. Porque precisamente es el Señor quien marca y decide cuál es la talla que se debe de dar para aprobar y, naturalmente, como todos sabemos ninguno de nosotros la da.
Lo único que todos nosotros merecemos es la muerte. Lo que merecemos, lo que nos hemos buscado con nuestro estilo de vida. Es imposible para nosotros dar la talla moral que Dios exige para declararnos justos. Simplemente porque Él mismo es el modelo.
Es aquí precisamente donde entra en juego la gracia de Dios. Es increíble pero totalmente cierto. Aquel que única y exclusivamente merecía la muerte, no sólo no se le castiga sino que se le perdona, restaura y eleva a la condición de hijo de Dios y heredero juntamente con Cristo ¿Alguien en su sano juicio puede entender esto? ¿Tiene algún sentido común?
Todo esto es debido a que Dios ha decidido tratarnos con amor, aceptación, bondad y misericordia cuando lo que merecíamos era totalmente lo contrario. Precisamente la gracia es eso, tratar a uno de forma totalmente contraria a como se merece.
Cuentan una anécdota atribuida a la época del emperador francés Napoleón. La madre de un joven oficial se acercó pidiendo a Napoleón el perdón para su hijo que había sido condenado a muerte por traición. Ante los lloros de aquella mujer el gobernante respondió que su hijo era culpable de traición. La madre continuó insistiendo y el emperador le respondió que perdonarlo no sería justo. Ante esta respuesta la desesperada madre respondió: Majestad, no pido justicia, estoy pidiendo gracia. Me parece que sobran todas las palabras.
Porque gracia es ser tratado como uno no merece es únicamente cuando somos conscientes de nuestra pésima condición moral cuando estamos en condiciones de valorar en toda su dimensión y plenitud la gracia de Dios. Esta ha sido a lo largo de la historia la experiencia de muchas personas.
El propio Jesús afirmó que a quien mucho se le ha perdonado mucho ama. Esa fue la experiencia del apóstol Pablo con la gracia. No en vano recibe el nombre del apóstol de la gracia. Él había sido un perseguidor de la iglesia. Responsable de la muerte de creyentes. Él era muy consciente de no merecer en absoluto el amor y el perdón de Dios, mucho menos el apostolado. Esta fue la experiencia del publicano que de rodillas y humillado oraba delante de Dios y, que según Jesús, volvió a casa justificado.
Fue la experiencia de la gracia en la vida del atormentado monje agustino Martín Lutero la que le llevó a iniciar la Reforma protestante, de la que en un sentido u otro nosotros somos un fruto. Es la misma experiencia del autor del conocido himno “sublime gracia”. Un antiguo traficante de esclavos que hizo su fortuna con el dolor y la muerte de muchos seres humanos. Tiene todo el sentido que tras su conversión escribiera un himno tan maravilloso.
III.VIVIENDO CADA DÍA BAJO LA GRACIA DE DIOS
No es difícil para nosotros aceptar la salvación por gracia. Es una enseñanza clara de la Escritura (Efesios 2:6-10) y uno de los pilares del mundo evangélico y protestante. Ahora bien ¿Aceptamos con tanta facilidad el vivir día tras día en la gracia del Señor?
Doy por sentado que todos los que estan leyendo este artículo son personas convertidas, nacidas de nuevo. Personas que en un momento u otro de vuestra vida experimentaron la gracia de Dios. Pero ¿Cómo te ve Dios en este momento?
¿Esta el Señor satisfecho con tu vida? ¿Te continúa amando Dios a pesar de la manera en que vives, a pesar de tus fracasos, incoherencias, inconsistencias y pecados? Piensa en tu fuero interno ¿Te puede aceptar Dios tal y como eres en estos momentos? ¿Eres digno de recibir las bendiciones del Señor? ¿Te sientes culpable e inseguro delante de tu Dios? ¿Vives intentando ganar cada día su amor? ¿Piensas que el Señor te retira su amor cada vez que fallas? Por último ¿A quién ama más el Señor, a mí que soy pastor, he llevado muchas personas a Cristo, discípulo, escribo libros, doy charlas y conferencias en muchos países, aconsejo a otros, o a ti? ¿Cuál de los dos es más aceptable y digno delante de Dios?
Las respuestas a estas preguntas son tremendamente importantes. Mi experiencia pastoral de muchos años, no sólo entre jóvenes, sino entre adultos también me ha llevado a constatar la triste realidad de que muchos cristianos viven por obras a pesar de haber sido salvados por medio de la fe.
Estos hermanos en Cristo consideran que su comportamiento es el que condiciona el amor y la aceptación por parte del Señor. Dicho de otro modo, si dan la talla, son amados. Sino la dan, son rechazados. Estos cristianos viven esforzándose por ser aceptables a los ojos de Dios, por tratar de ganar su amor, su benevolencia. Viven de forma constante tratando de ganar la aprobación por parte del Señor, y si no pueden lograrlo, al menos intentar evitar su ira, su enfado e incluso su castigo o maldición.
Debido a encontrarse en una posición insegura delante de Dios establecen con Él una relación que podríamos llamar “comercial”. Tratan de vivir de una manera determinada para poder conseguir ciertas bendiciones de Dios. Se plantean la relación con el Señor sobre la base de la negociación, ellos han de hacer algo para que el Señor haga algo por ellos. Consideran que la actuación de Dios hacia ellos o incluso sus familias estará condicionada por la forma en que actúen.
Muchos tratan de vivir de tal manera que, por decirlo de forma coloquial, les permita ganar puntos y con ellos negociar con Dios. Olvidan que como muy bien dice el apóstol Pablo, al que obra el salario que se le concede no es una gracia. Es un derecho. Si trabajo durante todo el mes y al final no recibo mi paga eso es una injusticia. Ahora bien, si no he trabajado y a pesar de no merecerlo recibo mi salario, eso es gracia. Si tratamos de ganar el favor de Dios ya no funcionamos bajo la gracia, estamos funcionando bajo las obras de la ley.
Cuando los creyentes operan bajo las obras sufren ciertas consecuencias:
- La primera de ellas es inseguridad en su relación con Dios. Al depender la aceptación y el amor de Dios de su comportamiento y estilo de vida, estos se convierten en condicionales y nuestra relación con Él insegura. No sabemos si estaremos dando la talla y cubriendo las expectativas de Dios. Su favor hacia nosotros podría cambiar en cualquier momento a causa de nuestros fallos conscientes o inconscientes.
- Otra consecuencia es el legalismo. El legalismo consiste en hacer las cosas correctas con la motivación incorrecta. El legalismo nos lleva a actuar no como resultado de nuestro amor por Dios sino de nuestro miedo hacia Él. El legalismo nos puede llevar a hacer las cosas por nuestro propio interés, sea el de conseguir las bendiciones del Señor o evitar sus castigos. El legalismo vicia nuestra relación con Jesús y nos convierte en jueces de los demás.
Una tercera consecuencia es la decepción hacia Dios. Recordemos la parábola de los obreros que fueron reclutados para trabajar en la viña. Lo fueron a distintas horas del día, sin embargo, todos recibieron la misma paga. La decepción de los que fueron contratados a primera hora fue notable. Ellos esperaban más. Consideraban que merecían más que los otros ya que en su opinión habían hecho más y, por tanto, el dueño de la viña les era deudor. Lo mismo pasa con ciertos cristianos. Consideran que como han obrado el Señor está en deuda con ellos, les debe algo. Tal vez no lo reconozcan a nivel consciente, pero en su inconsciente tienen dicha expectativa. Por eso, cuando las cosas no suceden cómo ellos esperaban, o las bendiciones no vienen, no lo entienden y se decepcionan con el Señor. Su problema consistía en no entender que Dios no debe nada a nadie porque nadie merece nada de Él.
- Una última consecuencia es el desánimo. Hay cristianos que tristemente se desaniman e incluso tiran la toalla porque llegan a la conclusión de que por más que se esfuercen es imposible agradar a Dios, tratar de contentarlo y que Él se muestre propicio con ellos.
Hay muchos creyentes que debido a que funcionan con el paradigma de las obras y no con el de la gracia sufren varias o todas estas consecuencias y, por tanto, no experimentan la vida abundante a la que Cristo les ha llamado (Juan 10:10).
El mensaje que llegados a este punto quiero compartir es que únicamente podemos vivir por gracia. De la misma forma que nunca hubiéramos podido dar la talla para ser declarados justos y tuvimos que recurrir a Jesús, nunca, nunca, absolutamente nunca daremos la talla para vivir día tras día en la presencia del Señor y poder ser merecedores de su amor, su aceptación y sus bendiciones. Sólo podemos hacerlo, única y exclusivamente por medio de su gracia.
IV.ÚNICAMENTE PODEMOS VIVIR POR GRACIA
Todos nuestros méritos carecen de valor, de ningún valor para podernos presentar ante Dios y merecer su aprobación. El profeta Isaías ya lo afirmó en 64:6 cuando dijo: “todos nosotros somos como un hombre impuro; todas nuestras buenas obras como un trapo sucio; todos hemos caído como hojas marchitas”. Piensa por un momento en lo mejor que puedas presentar delante de Dios, aquello de lo que más orgulloso y satisfecho te sientas. Pues bien, a sus ojos es pura basura. Carece de valor, no puede conseguirte su amor y aceptación.
En Gálatas 3:3 el apóstol Pablo denuncia a los cristianos de Galacia porque tras comenzar por la fe y la gracia habían caído en el error de querer continuar por medio de las obras, ¡Cómo si aquello les hubiera servido de algo ante el Señor! Querían continuar la vida cristiana acumulando méritos para poderse presentar ante la presencia del Señor. Pablo les advierte de forma tajante que hacer eso significa, ni más ni menos, que caer de la gracia.
Dejenmme que diga algo que seguramente puede sorprender. A los ojos del Señor el gran predicador Billy Graham no se más digno de presentarse ante la presencia del Señor que cualquiera de nosotros. Tanto él, con todos sus logros humanos, como nosotros, con toda nuestra miseria, única y exclusivamente podemos presentarnos y mantenernos ante la presencia del Señor por su pura y bendita gracia. Ningún, repito, ningún mérito humano nos franquea el acceso ante el Padre, es por pura y simple gracia.
El escritor británico Storms, citado por Jerry Bridges en su libro La gracia transformadora dice lo siguiente con respecto a la gracia:
La gracia deja de ser gracia si Dios se ve obligado a conferirla ante la presencia del merecimiento humano… la gracia deja de ser gracia si Dios está obligado a retirarla ante la presencia del desmerecimiento humano… la gracia es tratar a una persona sin la más leve referencia a sus méritos, sino únicamente de acuerdo con la infinita bondad y soberano propósito de Dios.
Si Dios ha de amarte por tus méritos, entonces ya no es gracia, son obras. Si Dios deja de amarte y aceptarte debido a tu ausencia de méritos, entonces ya no estamos hablando de gracia, nuevamente estamos hablando de obras. Storms lo ha definido con gran claridad, es tratar a alguien con amor y aceptación sin la más mínima referencia a sus méritos o ausencia de los mismos.
Recordemos el ejemplo que anteriormente poníamos acerca de la distancia entre la costa atlántica de España y Brasil. La distancia entre lo que Dios exige y lo que el mejor de nosotros puede dar es tan grande que sólo la gracia puede hacer que seamos aceptados por el Señor.
Pensemos por un momento en la conocida parábola del Hijo Pródigo. El hijo que decidió permanecer en la casa, obedeciendo y haciendo la voluntad del padre no fue más amado que aquel que tomó la decisión de marcharse y vivir en abierta rebelión y desobediencia hacia su padre. El final de la parábola nos muestra que estoy en lo cierto. El muchacho que marchó no fue menos amado por ello, aunque es cierto que no experimentó el amor que el padre continuaba teniendo hacia él. Pero el punto en esta parábola no es lo que el hijo experimentó sino la actitud permanente e incondicional del padre de seguir amando y aceptando a pesar de todo.
¿Qué reacción ha provocado en vuestras mentes lo dicho en estos últimos párrafos? ¿Incomodidad con un concepto que parece ir contra nuestra lógica evangélica? ¿Rebeldía porque consideramos injusto el que Dios pueda amar igual al que obra que al que no obra? Tal vez nuestro legalismo nos lleva a querer ser más justos y santos que el mismo Dios. Tal vez Él ha decidido amar y aceptar incondicionalmente en base a su gracia a todos sus hijos y nosotros consideramos que es injusto ese comportamiento. El legalista, quien trabajosa y esforzadamente se labra su camino para acceder a la presencia de Dios y ganar su amor, no puede aceptar que Dios otorgue el mismo de forma incondicional a aquel que carece de méritos, considera que ese tratamiento es injusto.
Pensamientos de este tipo, lógicos por otra parte desde un punto de vista humano, nos recuerdan la parábola que Mateo narra en el capítulo 20 versículos 1 al 16 de su Evangelio. Es la conocida narración de diferentes personas que fueron contratadas a diferentes horas pero todas recibieron el mismo salario. Aquellos que trabajaron más consideraron injusto su salario, a pesar de haber recibido el convenido. La gracia de Dios no tiene lógica, al menos no tiene nada que ver con la lógica humano, he aquí lo grandioso y maravilloso de la misma.
Las personas que como un servidor tenemos una clara conciencia de nuestra realidad como pecadores, redimidos, pero todavía pecadores, valoramos enormemente el ser aceptados y amados no por lo que somos o podemos acumular en cuanto a méritos, sino única y exclusivamente por la gracia del Señor. ¡Qué sería de nosotros sin su gracia!
V.UNA RESPUESTA DE AMOR
Algunos lectores podrán pensar que se trata de una auténtica ganga o bicoca ¡Vaya oportunidad! Nada que hagamos o dejemos de hacer puede alterar o afectar nuestro status delante de Dios. Por tanto, comamos y vivamos como nos de la gana, la vida son sólo dos días, nada puede separarnos del amor de Dios, somos libre de vivir como nos plazca.
Pensar de esta manera significa que una persona ha entendido claramente el significado de la gracia. Ha entendido que verdaderamente, como indicábamos anteriormente la misma no está relacionada con nuestros méritos o ausencia de los mismos. Ahora bien, si afirmar esto indica que se ha entendido lo que es la gracia, también muestra que no se han entendido las implicaciones de la gracia. ¿Confusos? Me explicaré.
En Romanos 6:1 y 2 el apóstol Pablo ya plantea este problema y la solución. Dice así “¿Qué, pues, diremos? ¿Vamos a seguir pecando para que Dios muestre aún más su gracia? ¡De ninguna manera! Nosotros ya hemos muerto al pecado: ¿Cómo pues podemos seguir viviendo en pecado?
Pablo afirma que aquellos que hemos conocido a Jesús como Señor y Salvador, los que hemos experimentado su gracia, no podemos seguir pecando. Algunos lectores dirán: Bien, al fin y al cabo estamos en lo mismo, hay que seguir obrando. Mucha gracia y mucha historia, pero al fin lo que cuenta es lo que hacemos, y esto, es lo que nos vale ante la presencia de Dios.
No, este enfoque es equivocado y no es lo que la Biblia nos quiere enseñar. Tanto el que vive la vida cotidiana bajo las obras como aquel que lo hace bajo la gracia han de obrar, sin embargo, lo que marca una diferencia total, absoluta y abismal es la motivación para dichas obras.
Ambos obran, pero con diferente motivación. Quien vive bajo las obras lo hace para ganarse el amor y la aceptación de Dios. Quien vive bajo la gracia lo hace, precisamente porque ha entendido el amor y la aceptación incondicional del Señor, y esta comprensión le lleva a esforzarse por hacer todo aquello que agrada y honra a un Dios que le ha amado de forma semejante.
Quien vive bajo las obras actúa para ganar. Quien vive bajo la gracia actúa partiendo de la seguridad que supone saberse en una situación invulnerable y segura ante su Dios. A uno le mueve la necesidad de encontrar seguridad. Al otro le mueve la gratitud de sentirse seguro.
Naturalmente que quien vive bajo la gracia obra. Ahora bien, sus obras son el resultado de su amor y gratitud hacia un Dios que le ha ofrecido amor, aceptación y comprensión de una forma incondicional. Pablo lo afirma con total rotundidad en 2 Corintios 5:14-15, es el amor de Dios el que nos impulsa. Es la comprensión de lo que ha hecho por nosotros lo que nos motiva y da fuerzas para vivir una vida de santidad.
Quien ha entendido la gracia se esfuerza por no pecar. Su esfuerzo nace del deseo de no fallar, de no defraudar a alguien que le ama y acepta de una forma tan bárbara. El pecado produce dolor en la persona que vive bajo la gracia. Sin embargo, no es el dolor de sentirse inseguro o de haber perdido el favor, el amor o la aceptación de Dios. Antes al contrario, es el dolor que produce el haber traicionado la confianza del que te ama. El no haber estado a la altura de su amor y gracia. Es el dolor que produce el ser consciente de haber devuelto mal por bien. Por decirlo de alguna manera, es el dolor de haber pisoteado la amistad y la genuinidad de Dios.
La comprensión de la gracia, el sabernos seguros ante el Señor, el entender que nada ni nadie nos puede separar de su amor es precisamente lo que nos lleva a obrar. Es un obrar que nace de un corazón seguro y agradecido. Este obrar es la mejor demostración de que realmente hemos comprendido y entendido la gracia del Señor hacia nosotros.
VI.A MODO DE APLICACIÓN
Quisiera dejar con los lectores tres aplicaciones. Cada lector se sentirá más identificado con una u otra.
La primera aplicación es un reto para aceptar la gracia salvadora de Dios. Si nunca has entregado tu vida a Dios en estos momentos puede ser tu oportunidad. Él te ama y acepta incondicionalmente, dio su vida por ti y desea darte vida eterna. Habla con Él, reconoce tu pecado y pídele que lo perdone.
La segunda aplicación es un reto para vivir la vida cotidiana bajo la gracia del Señor. Tal vez un día aceptaste su gracia salvadora, sin embargo sigues viviendo bajo las obras y buscando cada día la aceptación, aprobación y ganarte el amor del Señor. Es por gracia. Nunca acumularas suficientes méritos y siempre vivirás en tensión e inseguridad. Acepta su gracia para vivir la vida cotidiana y en respuesta vive en obediencia a Él. Una obediencia, no olvides, que nace de la seguridad de que nuestra amistad con Él está basada no el mérito o la ausencia del mismo, sino en la gracia.
La tercera aplicación es un reto para tratar a otros con gracia. Honestamente hablando hay una gran falta de gracia en el mundo cristiano. Somos demasiado legalistas en nuestro tratamiento de los demás. La Escritura nos dice que de gracia hemos recibido y, por tanto, de gracia hemos de dar.
Aquellos que hemos experimentado la gracia de Dios, su aceptación total e incondicional no podemos, no tenemos derecho, no estamos autorizados a tratar a otros de forma legalista, justiciera y carente de misericordia y compasión. ¿Cómo pretendemos ser más justo que Dios? ¿Nos estamos burlando de Él pretendiendo tener niveles de santidad más altos y elevados que los suyos? No estoy hablando de ser indulgente con el pecado, ni frívolo en el tratamiento del mismo. Estoy afirmando que sigamos el ejemplo de Jesús y seamos capaces de separar la persona de su conducta.
Muchos cristianos carecen de toda gracia en su trato con otros creyentes. Creo con toda sinceridad que sólo aquellos que han experimentado y entendido la gracia pueden tratar a otros del mismo modo. Honestamente, cuando tú has sido tratado una y otra vez de forma graciosa por el Señor ¿cómo puedes ser legalista, justiciero y carente de misericordia con otros?
Esta falta de gracia en las relaciones en el mundo cristiano me hace pensar si el problema no será que el pecado de los demás nos recuerda nuestro propio pecado y, al atacar y juzgar a otros en su pecado nos sentimos mejor con respecto al nuestro. El pecado de los demás nos incomoda debido, tal vez, a que al no sentirnos seguros en nuestra relación con el Señor, nos enfrenta con nuestro propio pecado, nuestra incoherencia e inconsistencia. Atacar a otros me hace sentir más justo, más santo, más en paz conmigo mismo.
El pecado es grave. Todo pecado es una ofensa contra la santidad de Dios. Jesús tuvo que pagar por ello. Gracias a su sacrificio nosotros podemos experimentar su gracia, por tanto, no dejemos de dar gracia a otros. Nunca la ley ha salvado a nadie, por eso, como dice el Evangelio de Juan la gracia nos vino por medio de Jesucristo.
Acabar con las archiconocidas palabras del clásico himno evangélico:
Sublime gracia del Señor Que un pecado salvó Fui ciego más hoy veo yo Perdido y Él me halló
Mis hijos y yo decidimos dar una caminata alrededor del lago cercano a nuestra casa el otro día. Es un lugar muy hermoso en el que pasar una tarde de primavera, cuando las hojas brotan de los árboles y las flores de la tierra. Tiene una trocha de grava bien gastada que le da la vuelta a todo el lago. Uno puede caminar a su propia velocidad y deleitarse en la belleza natural que le rodea.
Es el lugar perfecto para ponerse en contacto con Dios y llenar nuestra alma con gozo.
El único problema con la trocha es que, estando tan cerca del lago, la erosión a veces provoca hoyos a lo largo del camino. Fue mientras que caminábamos por ella el otro día que mi hijo mayor cayó, sin darse cuenta, en uno de estos hoyos. Tropezó y casi cayó pero, gracias a Dios, pudo estirar su mano y aferrarse a la mía. Le afirmé y caminamos juntos por un rato sintiéndonos conectados el uno al otro en nuestro amor.
Pienso que a veces las dificultades que enfrentamos en nuestro transitar por la vida se parecen mucho a estos hoyos en el suelo. Siempre están allí, provocando nuestro tropiezo y a veces nuestras caídas. Es bueno saber, sin embargo, que siempre podemos estirar la mano y tomarnos de la de nuestro Padre Celestial.
Él siempre está a nuestro lado esperando levantarnos y afirmarnos. Siempre está preparado para que tomemos Su mano y caminemos junto a Él conectados en amor para siempre.
La próxima vez que tropecemos y caigamos en nuestra travesía por la vida no dejemos de estirarnos y alcanzar la amorosa mano de Dios. Y una vez que la tomamos, no la soltemos.
Caminemos con Dios para siempre, escogiendo amar y compartir gozo con cada paso que demos. Recordemos que con la amorosa mano de Dios estabilizando nuestro caminar, podremos estirar la otra para alcanzar a otros que también hayan caído.
La travesía por la vida, después de todo, es siempre mejor cuando sostenemos las manos de aquellos a quienes amamos.
Joseph J. Mazzella
La vida tiene sropresas y algunas no son tan agradables. Cuando tropezamos, recordemos que la mano de Dios siempre está lista para sostenernos. Qué gran mano es la suya.
Señor , tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? Deuteronomio 3:24
Yo os enseñaré en cuanto a la mano de Dios; No esconderé lo que hay para con el Omnipotente.Job 27:11
No se acordaron de su mano, Del día que los redimió de la angustia. Salmo 78:42
Nota: Los temas o reflexiones distribuidas en este grupo, son de dominio público ó de autores desconocidos, a menos que sea especificado. Visión Juvenil Internacional no se acredita la autoría de estos.