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Una Pequeña ElecciónUna Pequeña ElecciónLectura: Josué 24:15-24
Luego un día decidió unirse a sus amigos en una travesura inofensiva. Mientras corrían por los corredores de la escuela, salieron por una puerta y mi papá se apresuró a seguirles. La puerta se cerró justo cuando él llegó a ella. Su mano izquierda destrozó el vidrio de la puerta cortándole los tendones de tres dedos. Todo lo que los doctores pudieron hacer fue anudar los tendones, con lo cual los dedos de mi padre quedaron inutilizados y el violín quedó fuera de su vida para siempre. Me pregunto cómo habría podido ser la vida de mi papá distinta si no hubiese hecho esa pequeña elección. Los «qué-hubiese-pasado-si» tienen una utilidad dudosa: siempre podemos cuestionarnos a posteriori. Pero no podemos subestimar el impacto de nuestras elecciones. Una elección puede producir consecuencias para toda la vida, ya sea para bien o para mal. El consejo de Josué es un buen punto de partida. «Escogeos hoy a quién sirváis -le dijo a Israel-. Pero yo y mi casa serviremos a Jehová» (Josué 24:15). Servir a Dios no siempre será la elección fácil. Pero es una elección que conlleva el tipo de consecuencia con la que podemos vivir. -WEC Frase: Lo que serás mañana depende de las elecciones que hagas hoy. Perdonar ó EnfermarsePerdonar ó Enfermarse
Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios, que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados. (Hebreos 12:15)
Hace unos días me llamó una amiga y me dijo: "Me he enterado que mi esposo tiene otra mujer. ¿Qué hago? Estoy desesperada... quiero morirme". ¿Qué se le puede decir a alguien que se encuentra al borde de la desesperación? Sabemos que Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, que está pronto a auxiliarnos en las tribulaciones y que en Él podemos depositar todas nuestras cargas. Sin embargo, a veces es difícil llegar con ese mensaje a una persona desesperada.
Si estás sufriendo y no ves luz al final del túnel, ten la seguridad que Dios te está acompañando a cada paso. No te deja ni por un segundo. Si como mi amiga piensa s que todo está perdido, esto es lo que puedes hacer:
1. Perdona:
Parece cínico perdonar a una persona que te ha lastimado y dañado; pero si no perdonas, difícilmente podrás superar el problema, te llenará de amargura. Es difícil pero hay que perdonar. Y el perdón debe ser incondicional, como todo buen perdón. 2. Busca a Dios:
Es necesario que busques a Dios de una manera más íntima. Ora por sí misma, para que Dios te ayude a perdonar y para que puedas mantener la comunión con el Señor. Ora también por tu cónyuge porque también está sufriendo. 3. Pida ayuda:
Busca consejo y ayuda de personas que sean de confianza. No hables con todo el mundo sobre tu problema, sino solo con personas que te puedan ayudar. Amado Señor, te pido que no brote de mi corazón ninguna raíz de amargura, por más dura que sea mi situación. Trampa para GorrionesTrampa para Gorriones
Había una pequeña niña que verdaderamente parecía creer en el poder de la oración. Sus padres se sorprendían a menudo del vigor con que oraba y su inquebrantable confianza en que Dios no solo había escuchado sus oraciones, sino que estaba en el proceso de contestarlas de la manera que ella deseaba.
Un día, su hermano mayor construyó una pequeña trampa para cazar gorriones, y a la niña le pareció muy repugnante. Sintió pena por los pájaros que pudiese cazar y se enojó con su hermano por lo que estaba haciendo. Cuando él se negó a responder a sus discusiones y ruegos, ella le informó a él y a toda la familia: "Voy a orar por esto". Tres noches después, su rostro estaba radiante mientras oraba a la hora de acostarse, expresando con absoluta fe su seguridad en que las trampas no iban a funcionar, y que ningún pájaro sería lastimado. Luego de terminar su oración, le preguntó su madre: "Hija, ¿cómo puedes estar tan segura de esto?" La pequeña sonrió y dijo: "Porque salí hace tres días y rompí la trampa a puntapiés." Aunque sería poco sabio tomar todas las cosas en nuestras manos, ¡siempre lo será comenzar por poner todo los asuntos en las manos de Dios! Ore como si todo dependiese de Dios y trabaje como si todo dependiese de usted. Santiago 2:26 La fe sin obras está muerta. Una lección inolvidableUna lección inolvidable
Cómo líder, sus lecciones más dramáticas y efectivas pueden ser dadas sin el uso de palabras
Texto Biblico Base: Juan 13:15-16 Imagine por un momento que Jesús hubiera enseñado estos principios de la misma manera que nosotros lo hacemos. Primeramente, hubiera anunciado con bastante antelación la fecha de un «seminario sobre servicio», para que los discípulos vayan reservando la fecha e, incluso, invitando a algunos otros interesados. En privado, Cristo dedicaría largas horas a estudiar los textos bíblicos acerca del tema del servicio, armando cuidadosamente sus argumentos a favor de los diferentes aspectos de este tema. En la fecha establecida, los hubiera reunido y habría compartido los resultados de sus estudios, presentando amplias evidencias acerca de la importancia del servicio. No hubiera terminado su lección sin una seria exhortación a que los discípulos buscaran ahora practicar lo que habían escuchado en «clase». Usted ya se está dando cuenta de la enorme distancia que separa a nuestros esfuerzos por capacitar a los santos de la manera que Cristo utilizó para enseñar y formar a sus discípulos. Tome nota de su estrategia. No anunció nada. No preparó a los discípulos con un discurso. No les dio ninguna explicación acerca de lo que iba a hacer. En el momento menos esperado, cuando estaban todos relajados y disfrutando de la cena, se levantó y comenzó los preparativos para lavarle los pies. ¿Se imagina las miradas entre los discípulos? ¿Qué cosa se proponía hacer ahora este Maestro tan poco tradicional? Habiendo terminado los preparativos, comenzó a lavarles los pies. Aún sus labios no ofrecían ninguna explicación. Los discípulos lo observaban, seguramente con una mezcla de vergüenza y curiosidad. Cuando a Pedro, el «vocero» del grupo, le llegó el turno, se atrevió a cuestionar las acciones de Jesús. Precisamente en este momento el Maestro ofrece una explicación, pero es simple y no aclara absolutamente nada. Cuando volvió a la mesa, Jesús se preparó para darles la conclusión de la lección que había visto. Salvo por el diálogo con Pedro, no había pronunciado palabra alguna. Sin embargo, les acababa de enseñar una de las lecciones más dramáticas que habían aprendido en los tres años compartidos con Cristo. No hace falta decir mucho más sobre el tema. Cómo líder, sus lecciones más dramáticas y efectivas pueden ser dadas sin el uso de palabras. Nosotros, sin embargo, tenemos una dependencia enfermiza en el uso de palabras como medio de enseñanza. Nuestras reuniones abundan de palabras. Los miembros de nuestras congregaciones están expuestos a una interminable sucesión de clases y predicaciones. ¿Cuánto de todo esto permanece? Me temo que muy poco. Cristo agregó palabras a su ejemplo. El entendimiento de cada discípulo no se escapó de lo que el Señor había querido enseñar. Pero sus palabras fueron la conclusión perfecta a una lección que ya había sido grabada por fuego en sus corazones. Simplemente les ayudó a procesar lo que habían visto. Para pensar: Howard Hendricks comparte esta observación con los que son maestros: «La educación? la verdadera educación? consiste simplemente en una serie de situaciones apropiadas para impartir enseñanza.» Corazón de LíderCorazón de Líder Un líder debe conocer las necesidades del pueblo, vivir en condiciones similares a las de sus ovejas y mostrar
A uno de tus hermanos pondrás sobre ti como rey; no podrás poner sobre ti a un hombre extranjero que no sea tu hermano? pero él no deberá tener muchos caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de adquirir caballos, pues Jehová os ha dicho: «No volváis nunca por este camino»? Tampoco deberá tener muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni amontonará para sí demasiada plata ni oro. Deuteronomio 17.20 Aunque estas palabras fueron habladas a Moisés hace casi 4.000 años, los conceptos que encierran no han perdido su carácter radical. Con una simple lectura del texto nos damos cuenta de algunos de los elementos que Dios considera indispensable para aquellos que ejercen autoridad. En primer lugar, Dios deseaba que la persona que fuera rey saliera de entre el pueblo. Esto garantizaba que fuera alguien que entendía bien la realidad del pueblo que iba a gobernar. Sería un conocedor de sus costumbres, sus valores, sus luchas y su historia. Todo esto le ayudaría a evitar la clase de imposiciones que provocarían innecesariamente al pueblo, típicas de aquellas personas que entran a una posición de autoridad sin conocer bien a las personas sobre las cuales ejercitarán su gobierno. En muchas ocasiones un pastor, que llega de afuera, implementa cambios que terminan por inflamar los ánimos de la congregación que pretende pastorear. Para toda persona que está en autoridad, es fundamental que se gane el respeto y la buena disposición de aquellos que dirige. Solamente de esa manera estarán dispuestos a seguirle y a colaborar en los proyectos que propone para el mejoramiento de sus vidas Un segundo elemento tiene que ver con la cercanía del rey al pueblo. Dios deseaba que el rey no se enriqueciera, ni que acumulara para sí bienes, ni muchas mujeres. Esta cosas solamente servirían para introducirlo en una realidad distinta a la de las personas que debía representar. Los que tienen abundancia en su casa rápidamente endurecen su corazón y pierden sensibilidad hacia aquellos que están en situaciones de escasez. No obstante esta advertencia, no ha existido en la historia de la humanidad rey que no se haya rodeado de abundancia de lujos. Por esta razón resultó tan difícil para las autoridades aceptar el estilo de Cristo, el único rey que ha vivido entre el pueblo. Muchos pastores, en este tiempo, han aprovechado su situación para acumular riquezas escandalosas, que no han hecho más que poner una barrera entre ellos y las personas que pretenden pastorear. Para que el pastor atienda bien a sus ovejas, debe vivir en una situación similar a la de ellas. Por último, Dios pretendía que un rey jamás buscara lo que necesitaba de la mano de otros países, tales como Egipto. Las necesidades del pueblo debía elevarlas al Señor, dirigiendo al pueblo dentro de un marco puramente espiritual. De igual manera el pastor ha sido llamado a una vida de absoluta dependencia de Dios, buscando del Señor lo que no tiene en sí mismo para dar. Una tarea espiritual requiere de una perspectiva espiritual de la autoridad. Para pensar: Lea Ezequiel 34.1-16 a la luz del texto de hoy y podrá entender por qué Dios condenó con tanta dureza a los pastores de Israel. La venganza y el ReinoLa venganza y el Reino
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Romanos 12.18 y 19
Hay pocas cosas que calan tan profundo en nuestros corazones como los males que nos vienen por mano de otros. Es más fácil aceptar las dificultades económicas, la falta de trabajo o la enfermedad. Cuando otras personas nos traicionan, sin embargo, nos sentimos dolidos en lo más íntimo de nuestro ser. Superar el mal momento es todo un desafío.
En el texto de hoy Pablo nos da una orientación con respecto a este tema. Primeramente nos recuerda que la paz debe ser una de las características de los que andan en Cristo, porque seguimos a un Dios de paz. De todas formas, la frase «en cuanto dependa de vosotros» nos advierte que el estar en paz con los demás es algo que requiere de la colaboración de dos personas. Es decir, no implica solamente la ausencia de agresión de mi parte, sino también el mismo compromiso de parte de la otra persona. Por esta razón no siempre la paz es absoluta, pues nuestros deseos de estar en paz con los demás no son correspondidos por la otra parte. Nuestro llamado, no obstante, es a agotar todos los caminos posibles para cultivar y mantener una relación de paz con aquellos que son parte de nuestra vida.
El medio donde más cuesta llevar esta exhortación es en aquellas relaciones donde nos hemos sentido agredidos, despreciados o tratados injustamente por otros. Allí nuestros deseos de paz se esfuman y sentimos en nuestro interior una indignación intensa que demanda que este mal sea corregido, sin importar lo que se tenga que hacer para lograrlo.
Es en estas instancias que comenzamos a luchar con los deseos de venganza. Muchas veces creemos que el tema de la venganza pasa por una agresión abierta hacia la otra persona. La venganza, sin embargo, se disfraza de muchas maneras diferentes. Nos basta con saber que la venganza busca que la otra persona pase un mal momento, similar o peor al que hemos vivido nosotros. Esto puede incluir cosas tan sutiles como humillarla públicamente o simplemente desear que lee vaya mal en la vida. La venganza es, en últimas instancias, un sentimiento que se aloja en nuestros corazones. El acto puntual de venganza no es más que una manifestación de ese espíritu amargado que reside dentro de nosotros.
Pablo llama a entregar esto en manos de Dios. Esto es sabio, no solamente porque Dios es el que defiende la causa de sus hijos, sino también porque Dios es el que juzga correctamente todos los elementos de una situación y discierne el camino correcto a seguir. Cuando dejamos la situación en sus manos, estamos afirmando que él sabe bien qué es lo que necesitamos y no hará otra cosa que lo mejor para nosotros.
Para pensar: «Porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba su causa al que juzga justamente.» (1 Pedro 2.22, 23) Llamados a estar en el MundoLlamados a estar en el MundoLa Oración especifica de Jesus fue transformar el mundo.
Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Juan 17. 14-16 (contexto Juan 17)
Las palabras del Señor parecen ser, a primera vista, un poco contradictorias. Por un lado afirma que el mundo ha rechazado a sus discípulos, precisamente porque pertenecen a otro reino enteramente diferente. La diferencia en estilo de vida, en valores y en compromisos, todo se conjuga para poner en evidencia las faltas de los que están identificados con este presente siglo malo. El resultado es, para los que están en Cristo, conflicto y persecución.
En la siguiente frase, sin embargo, Jesús le pide al Padre exactamente lo opuesto de lo que hubiéramos pedido nosotros: que no los quite del mundo. Digo que es lo opuesto de lo que, instintivamente, haríamos nosotros, porque creemos siempre que lo mejor que le puede ocurrir al otro, si está dentro de nuestras posibilidades hacerlo, es que le evitemos pasar un momento de dificultad.
Cristo aclara en su oración que los discípulos no son del mundo. Por esta razón no pretende en ningún momento que se sientan cómodos en este entorno. A pesar de esto, muchos hijos del Señor están dedicados a buscar la manera de pasarlo lo más bien posible en la tierra, mientras caminan a la eternidad.
Debemos meditar en este pedido que le hizo al Padre: «No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.» ¿Cuál es la razón de esta petición? Es que hemos sido llamados a cumplir una misión, no en otro lado, sino en esta misma tierra donde vivimos. Dios nos ha bendecido para que seamos de bendición a todos los que él pone por nuestro camino para bendecir. «Como el Padre me envió, así también yo los envío ahora a ustedes.» (Jn 20.21) Esta es una parte esencial del llamado de todo discípulo de Cristo. No es posible cumplir este llamado si no estamos en el mundo, ¡precisamente rodeados de aquellas personas que nos rechazan!
Debe causarnos un poco de tristeza, entonces, notar que la iglesia en muchas oportunidades se ha aislado del mundo, tomando refugio en una multitud de programas que tienen como objetivo bendecir a aquellos que ya han sido bendecidos. Nosotros, los pastores, imponemos este mismo estilo a los que se convierten, pues ni bien se han insertado dentro del cuerpo comenzamos a cortar todos los vínculos que tienen con la gente del mundo. Decimos que es para protegerlos de la influencia de los que andan en pecado. Lo que en realidad estamos logrando es frustrar la oración de Cristo, que específicamente le pidió al Padre que no sacara a nadie del mundo.
Más bien, debemos buscar la forma para que, estando activamente involucrados en el mundo, Dios les guarde del mal. Esto es lo que pidió Cristo, y no podemos hacer menos que él. Si salimos del mundo, le hemos dado la espalda a nuestra vocación. Y sin vocación de servicio, no podemos ser discípulos.
Para pensar:
¿Cuánto tiempo les dedica? ¿Se sienten amados por usted? ¿Cuánto tiempo pasa con sus hermanos en la fe? |
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